—Ah, mi amor, no estés así. Dios va a darle salud a tu abuelita, y ella va a estar bien —digo, acariciando su rostro.
—¿Dios puede curarla? —pregunta ella, con un hilo de esperanza en la voz.
—Sí, Dios es muy poderoso y bondadoso, y cuida de sus hijos. Va a darle salud a tu abuelita, y pronto, muy pronto va a estar en casa —respondo, con una sonrisa tranquilizadora.
—¿Seguro? —insiste ella, con los ojos brillando.
—Sí, mi ángel. Dios es el médico de los médicos. La va a curar rapidito —digo, ab