Cojo mi celular, la pantalla iluminando mi rostro con una luz fría e implacable. Una notificación de Patricia salta a mis ojos. Abro el WhatsApp, la curiosidad y la desconfianza mezclándose en un cóctel explosivo.Abro la foto que me envió. Es Alice, semidesnuda, preparándose para dormir. La luz suave de la lámpara ilumina su cuerpo, revelando las marcas que dejé. Una sonrisa sádica se forma en mis labios al reconocer mis huellas.Patricia: Ahí está... tu queridita. Llegó así, toda sonriendo con el viento, toda feliz, suspirando por las esquinas... Imagino que el polvo fue bueno para estar así... Creo que Guilherme le dio buen trato... Sí, Davi, ella ya te superó, ya estuvo con otro, te lo advertí.¡Jajajajajá, Guilherme? ¿Qué mierda de Guilherme...? Ella no tiene idea. Ese toque, ese éxtasis, fui yo quien lo proporcionó. Fui yo quien la hizo delirar, gemir mi nombre, implorar por más. Fui yo, ¡y nadie más!Entonces ella está feliz, suspirando... Entonces le gustó... Ah, mi Alice, aho
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