Después del largo recorrido dentro de la inmensa hacienda, Jenny subió al segundo piso y caminó hacia el ala izquierda, adentrándose en la biblioteca. Comenzó a buscar entre las imponentes estanterías de madera, completamente ajena a que la propiedad estaba repleta de cámaras de seguridad ocultas en casi cada rincón, siendo la recámara principal el único espacio libre de vigilancia. Entre los cientos de tomos y libros no parecía haber nada fuera de lo común. Sin embargo, se detuvo al notar un cajón discreto a mitad de una de las repisas. Lo abrió despacio y, para su sorpresa, encontró dos libros gruesos que tenían pegada una pequeña navaja en la cubierta de cada uno. ¿Qué demonios será esto?, pensó, sintiendo un escalofrío en la nuca. Sin dudarlo, tomó ambos tomos, los ocultó contra su pecho y caminó a paso apresurado hacia la recámara principal. En el centro de monitoreo ubicado en el sótano, el guardia encargado de la vigilancia observaba la pantalla con una sonrisa entret
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