Flashback: 11 años atrás El silencio que siguió a la revelación final fue absoluto, pesado, cargado con el eco de la propia voz de Leonel resonando en la inmensidad de la cámara. Leonel, con el cuerpo empapado en sudor y la adrenalina aún recorriendo cada fibra de su ser, permaneció rígido frente a la pantalla. Sus ojos estaban inyectados en sangre, no por el agotamiento, sino por la magnitud de la verdad que acababa de aceptar. Cuando la voz robótica dictó su ingreso oficial, la puerta digital se deslizó hacia un lado con una suavidad mecánica. Al salir, el Rey ya estaba allí, aguardándolo. El anciano se aproximó con una elegancia pausada, casi matemática. —Bien, Dante. Esa es la actitud que necesitábamos ver —declaró el Rey con autoridad—. Bienvenido a la familia. Al instante, el silencio sepulcral de la sala se rompió. Los miembros de la élite, aquellos que representaban el poder global en la mesa, se pusieron de pie al unísono. Un aplauso seco, rítmico y potente llenó la v
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