Victoria despertó antes de que sonara la alarma y, durante unos segundos, permaneció inmóvil. Entonces recordó que estaba en su departamento, un lugar pequeño, modesto y todavía incompleto, pero completamente suyo.Se levantó y caminó descalza hasta la ventana. Desde allí no podía ver los jardines de la mansión Montenegro ni la entrada llena de coches, sino edificios cercanos, personas comenzando el día y el movimiento habitual de la calle.Había menos lujo, pero también menos tensión.Sacó su ropa de la maleta y se sorprendió de ver un vestido que había usado durante una cena con Adrián. Penso que lo había dejado en la mansión.Al sostenerlo, recordó aquella noche.—¿Te gusta? —le preguntó cuando él entró en la habitación.Adrián levantó la mirada del teléfono apenas unos segundos.—Sí.Victoria esperó algo más antes de insistir.—¿Solo sí?Él la observó con mayor atención, como si acabara de reparar en el vestido.—Te ves bien.No había sido una mala respuesta, pero tampoco la que e
Leer más