Estaba divagando. Él lo sabía y ella también, a juzgar por el rubor que le subía por el pecho. Él alzó la mirada, obligándose a mirarla a los ojos mientras la interrumpía.—No estoy aquí por eso.Ella frunció el ceño. —¿No?—Bueno, sí, pero no del todo. —Dime, dilo de una vez. Has lidiado con adquisiciones hostiles mejor que esto. —Quiero decir, no estoy aquí por lo que piensas.Ella frunció aún más el ceño. Su genuina confusión lo estaba destrozando.—De acuerdo… —Tiró la toalla de papel sucia y volvió a cruzar los brazos sobre el pecho—. Entonces, ¿por qué estás aquí?Se pasó la mano por el pelo. La culpa, la extraña sensación de inquietud, el miedo a herirla o enfadarla… todo le impedía pensar con claridad. Lo había planeado todo durante el viaje, había preparado sus palabras, perfeccionado su disculpa, pero ahora que ella estaba frente a él, esperando…—Bien. —La palabra iba dirigida más a sí mismo que a ella, mientras alzaba las manos en un gesto definitivo que decía: «Hagámoslo»
Leer más