—¿Así que simplemente te aprovechaste?
—No, no lo hice —espetó él—. ¿Acaso no te das cuenta de que, en última instancia, mi intervención le ha dado una salida? ¿Una oportunidad para arreglar su lío?
Sus dedos temblaban alrededor de la botella. No quería aceptar su argumento, pero aun así lo sintió. —No es justo. Debería haber venido a mí, no a ti.
—¿Qué? —dijo él con incredulidad—. ¿Por qué crees que eres tú la indicada para ayudarlo a salir de esta? ¿Sabes de cuánto dinero estamos hablando? ¿C