Dio un suspiro entrecortado y ella sintió la costura de sus calzoncillos rozando su clítoris sensible mientras se movía dentro de él, encontrando su punto, un ritmo que la calmaba y la excitaba. Le bajó los calzoncillos para dejar al descubierto su pene, tan grande, tan duro para ella, y extendió la mano para tocarlo. Alexander siseó mientras ella lo bombeaba; la lubricación de la punta le indicaba que estaba cerca, y ella le sonrió.—No —gimió él, extendiendo las manos a ambos lados de ella sobre el escritorio, tensando los músculos, apretando la mandíbula, con el pulso acelerado en el cuello.Sus ojos se clavaron en su rostro, fascinada. Ni siquiera la tocaba y la tensión seguía aumentando. Su cuerpo se excitaba con su visible lucha por contenerse, sus ojos vidriosos de deseo, cada músculo vibrando de tensión. Joder, era hermoso, en todos los sentidos, y lo deseaba con cada fibra de su ser. Debería asustarla. La asustaría. Pero ahora no.Al llegar a su base, apretó, y él reaccionó a
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