El segundo en que mi cuerpo chocó contra el suyo, se rompió la presa.Sus brazos se cerraron alrededor de mí como bandas de acero, arrastrándome pegada contra él.Mi boca encontró la suya, desesperada, desordenada, dientes chocando, lenguas deslizándose, saboreando sal y chocolate y semanas de extrañarlo.Gemí en el beso, moliéndome con fuerza, ya empapada a través de mis bragas y los finos shorts de algodón.Él gruñó contra mis labios, manos deslizándose bajo la sudadera, palmas ásperas contra mi espalda desnuda, luego más abajo, agarrando mi culo y jalándome más fuerte contra la gruesa cresta que tensaba sus jeans.—Joder, Ava —dijo con voz ronca, destrozada—. ¿Estás segura?—Cállate y fóllame —jadeé, mordiendo su labio inferior lo suficientemente fuerte para hacerle sisear—. He esperado suficiente.Me volteó en un movimiento brutal, mi espalda golpeando los cojines del sofá, sudadera subida hasta el cuello, dejando mis pechos al descubierto.Su boca estuvo sobre mí al instante, cal
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