Al día siguiente, Selene entró a la escuela con la mochila al hombro. Se había quedado impactada al ver que el símbolo de la luna ya no quería permanecer oculto. Para su sorpresa, se había despertado esa mañana dándose cuenta de que ya no era invisible durante el día.Quizás fuera casi imperceptible ya que no brillaba, pero estaba ahí, y cualquiera podría verlo si se le quedaba mirando por demasiado tiempo.Mientras avanzaba por los pasillos abarrotados, no lograba quitarse de encima una sensación de inquietud. El símbolo de la luna en su frente, antes oculto, ahora parecía pulsar con un suave zumbido. Se había peinado el cabello para ocultarlo parcialmente, pero sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que alguien lo notara.Dominic, de pie junto a su casillero, le llamó la atención. Sus miradas se cruzaron y, por un instante fugaz, Selene creyó ver un destello de reconocimiento en sus ojos. Sin embargo, este desapareció, reemplazado por su habitual sonrisa cálida.—¡Hola, Sele
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