Selene apareció en la sala del trono de Zeus y miró a su alrededor. Él no estaba sentado en el trono, y tampoco podía sentir su energía.
—¡Zeus! —lo llamó mientras seguía observando el lugar—. ¡Zeus! Quiero que hablemos, por favor.
En ese instante, él apareció sentado en el trono. Su imponente presencia envió una oleada de electricidad por toda la sala.
Selene permaneció inmóvil. Eso no sorprendió a Zeus, pues ella era la única capaz de igualar su fuerza. Si pudiera expresarlo de algún modo, el