—M-Mami... —balbuceó Felix entre sollozos al ver a sus adorados padres después de pasar tanto tiempo con los niñeros.Al escuchar al pequeño, Zoey se derritió de ternura. Durante los tres días en Asheville, Bailey se había dedicado a poseerla a diario, sin descanso, y su pobre hijo casi no recibió cariño. Sin embargo, el querido padre se negaba a soltarla. Al final, Zoey logró escabullirse de la cama mientras Bailey dormía rendido por el agotamiento.Zoey tomó a su hijo en brazos, pero estaba tan gordito que apenas podía sostenerlo. Al pensarlo bien, haberse casado apenas se graduó fue una bendición; si hubiera esperado más, probablemente ya no tendría fuerzas para cargar a su hijo.Por otra parte, Bailey la cogía como un loco todos los días, desesperado por volver a preñarla, así que Zoey esperaba que su segundo hijo llegara pronto. Si tardaba más, no tendría fuerzas para cargar a dos niños.A última hora de la tarde, llevó a su hijo al jardín. El clima estaba estupendo; no hacía dema
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