Zoey miró hacia el porche y vio una mesa pequeña. Dejó allí la tabla de bocadillos y respiró hondo para controlar los latidos acelerados.
Antes de que pudiera tranquilizarse, el celular vibró con un zumbido estridente. El pánico se apoderó de ella y se apresuró a silenciarlo, aterrada de que los dos que estaban adentro la descubrieran espiándolos. Sin apartar la mirada del espectáculo candente tras la ventana, examinó con desesperación los arbustos cercanos en busca de un escondite.
—Nena... ¿dó