—Bueno, a estas alturas ya es puro instinto —respondió con despreocupación.Sin mostrar el menor remordimiento, le metió la mano entre las piernas, hundió un dedo en su cálido y estrecho interior y le frotó el punto sensible con el pulgar mientras devoraba sus pechos con avidez.—Ah... B... Bailey... ¿no acordamos una sola sesión por la mañana, otra por la tarde y otra por la noche? ¿No me prometiste que podría descansar? Si sigues desgastándome así, nuestro bebé nunca llegará —suplicó Zoey.Usó al bebé como escudo con la esperanza de convencerlo. Sin embargo, sabía demasiado bien que, antes de dormir esa noche, Bailey volvería a hacerle el amor con la misma avidez.—Tienes razón, mi amor.Zoey sonrió con dulzura y suspiró largamente, aliviada y convencida de que por fin iba a dejarla en paz.Sin embargo...—En ese caso, terminemos primero esta ronda en la oficina. Luego puedes dormir en el auto. En cuanto lleguemos a casa y te despierte, seguimos.Bailey empezó aquello para despertarl
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