Nueve años despuésGraceNunca creí en los finales felices.Toda mi vida solo había conocido el dolor en sus distintas formas, la decepción disfrazada de esperanza y un amor que siempre parecía venir con condiciones. Por eso me convencí de que, mientras pudiera aferrarme a la ilusión de ser feliz, aunque por dentro estuviera agrietada, sería capaz de sobrevivir a cualquier cosa que se me presentara.Me decía que bastaba con resistir, que bastaba con fingir, que, si sonreía el tiempo suficiente, el dolor acabaría por desdibujarse hasta volverse soportable. Pero nunca comprendí lo profundas que eran las grietas de aquella ilusión hasta el día en que mi exprometido me engañó con un hombre y destrozó lo que quedaba de mi ingenua fe en el amor eterno.Recuerdo que ese día me quedé allí, sintiendo que el suelo había desaparecido bajo mis pies, sin saber si debía gritar, llorar, reírme de lo absurdo de todo aquello o desaparecer. Esa confusión me llevó a beber más que nunca en mi vida y a ter
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