Grace—¿Para qué necesita gas pimienta, señorita Grace?Linda habló con cautela aquel día, de pie al otro lado de mi escritorio, mientras me observaba examinar la pequeña colección de artículos de defensa personal ordenados frente a mí como si fueran inofensivos útiles de oficina.Recuerdo que tomé uno, leí la etiqueta y lo dejé antes de elegir otro, calculando su peso en la mano como si estuviera escogiendo algo mucho más serio de lo que parecía.Había distintas marcas, tamaños y potencias, pero mi mirada se detuvo en un producto en particular, el gas pimienta Red Hot Chilli.El empaque era llamativo, rojo, con letras que casi parecían agresivas, y algo en él me llamó la atención. Era ridículo y exagerado, pero el diseño lo hacía parecer peligroso, como si de verdad cumpliera lo que prometía.Parecía que haría daño.Lo giré despacio en la mano para examinarlo.—Me quedo con este —dije.Linda no me devolvió la sonrisa.—Señorita... por favor, dígame qué está pasando —dijo en voz baja,
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