Una semana después de la caída de Irina, la fortaleza de hielo se transformó.El Baile de Invierno era una tradición inquebrantable en la Bratva, un evento donde los líderes de los clanes rusos se reunían para demostrar su lealtad, resolver disputas y, sobre todo, evaluar la fuerza del Pakhan. Este año, el evento tenía un propósito secundario, pero infinitamente más letal: mi coronación oficial.Estaba de pie frente al inmenso espejo veneciano de la suite, mientras dos modistas francesas daban los últimos retoques a mi vestido. Era una obra maestra de alta costura, diseñado específicamente por orden de Aleksei. Terciopelo de un azul medianoche tan oscuro que casi parecía negro, ceñido a mi cuerpo como una segunda piel. Un escote en V profundo dejaba ver el comienzo de mis pechos y, por supuesto, el innegociable candado de platino que brillaba en mi garganta. La falda caía en una pesada cascada, con una abertura lateral que revelaba mi pierna derecha hasta el muslo.Era el vestido de u
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