El silencio que siguió fue absoluto.Por un instante, nadie pareció comprender lo que acababa de decirse.Las palabras de Eduardo quedaron suspendidas en el aire, demasiado pesadas para ser asimiladas.Arthur Valença no era tu padre, Gabriel.Gabriel permaneció inmóvil.Su rostro perdió el color.Abrió la boca para hablar, pero ninguna palabra salió.Durante treinta y cinco años, creyó conocer su propia historia. Creyó saber quién era, de dónde venía y a qué familia pertenecía.Ahora, en cuestión de segundos, todo se estaba derrumbando.—¿Qué...?Su voz salió ronca.Casi irreconocible.Eduardo levantó la mirada hacia él.Había pesar en su expresión.Como si supiera exactamente el tamaño de la herida que acababa de abrir.—Lo siento, Gabriel.Aquellas palabras tuvieron el efecto de un golpe.El CEO dio un paso atrás.Luego otro.Necesitó apoyar una mano en la pared.Helena lo observaba en silencio.Por primera vez desde que lo conocía, parecía perdido.Completamente perdido.Su corazón
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