La sirena de la ambulancia rasgaba el silencio de la noche con su estridente sonido.En la parte trasera del vehículo de emergencias, Alexa sujetaba con fuerza la mano de Devan, cuya calidez le brindaba un mínimo consuelo. El elegante blazer que llevaba puesto ahora estaba manchado con la espesa sangre de su esposo.Desde el momento del accidente, Alexa no había dejado de llorar. Sus ojos, enrojecidos e hinchados, permanecían fijos en el rostro de Devan, que mantenía los ojos cerrados mientras soportaba el dolor.—No cierres los ojos, Devan... por favor, mírame... —susurró Alexa con la voz ronca y temblorosa.Devan movió lentamente el pulgar, aún manchado de sangre, y acarició con suavidad el dorso de la mano de Alexa.—Estoy aquí... Estoy bien. No llores... —dijo con voz apagada, mirándola con una expresión llena de culpa por haberla hecho pasar por semejante terror.Al llegar al servicio de urgencias del hospital, médicos y enfermeras rodearon inmediatamente a Devan y empujaron la c
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