Papá, recuerda.Dos palabras.Eso era todo.Dos palabras escritas con la torpeza de una mano infantil sobre la superficie del cuarto clavo.Y, aun así, fueron suficientes para hacer que Kael dejara de luchar.No cayó.No gritó.Simplemente se quedó inmóvil en medio del salón central, todavía de rodillas ante la corona, con una cadena rota colgando de una muñeca y sangre descendiendo por su mandíbula.La armadura carmesí lo observó.Darius había encontrado por fin algo más peligroso que una mentira.Una verdad que Kael no estaba preparado para recuperar.—No —dije.Aldren me miró.—Elara.—Ese recuerdo no.La marca negra ya alcanzaba mi cuello. Cada latido hacía que avanzara un poco más bajo mi piel.No me importó.Señalé el clavo.—Ese se queda.La voz de Darius llegó desde las paredes.—Qué decepcionante.—Aprenderás a vivir con ello.—¿Después de arriesgarte por los otros tres?—Este es diferente.La armadura apareció reflejada sobre la superficie metálica.—Precisamente.Kael levan
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