La estrella aprendió a dejarlo elegir.Veamos si puede elegir no salvarlo.Leí la frase tres veces.No porque no la entendiera.Porque esperaba que, en algún momento, dejara de querer arrancar la mesa de la pared.No ocurrió.—¿Cuánta sangre? —pregunté.Varek miró la tela.—No suficiente para indicar una herida mortal.—Eso no responde.—Porque no puedo saber más por un trozo de capa.—Puedes olerlo.—Sí.—¿Entonces?El lobo cerró los ojos.—Kael estaba herido cuando se la quitaron.Mirella dejó la taza.—¿Se la quitaron?Varek negó.—No.Mi estómago cayó.—Él la dejó.Silencio.Miré otra vez la frase carmesí.Una trampa.Obviamente.Pero algo no encajaba.Si la Orden hubiera capturado a Kael por fuerza, habría sangre de lucha.Garras.Marcas de Vesp
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