La respiración agitada comenzó memez a calmarse lentamente en la cabina trasera del Mercedes negro que avanzaba cortando las congestionadas calles de la capital. El beso forzado, que por un instante se había transformado en una entrega llena de sumisión, llegó a su fin poco a poco. Devatra apartó el rostro tácticamente, dejando apenas unos centímetros de distancia entre ambos. Sus ojos, oscurecidos, clavaron la mirada directamente en las pupilas castañas de Cassie, que ahora brillaban empañadas por las lágrimas, inundadas de una mezcla de pasión residual, culpa y un dolor interno sumamente denso.Cassie desvió el rostro con un movimiento táctico hacia la ventanilla, rechazando la intensa mirada del hombre que tenía enfrente. La comisura de su labio partido le ardía cada vez más, mezclándose ahora con el sabor metálico de la sangre de Devatra que comenzaba a secarse. Su pecho subía y bajaba de forma irregular. Su lógica, que por un momento había quedado anestesiada, regresaba ahora par
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