Punto de Vista de Marimar Oquendo«¿O? Kto eta zhenshchina?» («Oh, ¿quién es esa mujer?»)Fruncí el ceño. Algo en ese tipo, en la forma en que se movía, gritaba peligro. Más peligro del que yo ya tenía encima.Miré a Pandesal, que devoraba feliz su arroz caldo, ajeno por completo a la tensión que de pronto había espesado el aire hasta convertir la cocina en una olla a presión. Una cocina, por cierto, del tamaño de toda mi casa en la provincia, decorada en tonos deprimentes de blanco sucio, beige y marrón.Yakov se acercó con ese andar felino y se dejó caer en la silla justo a mi lado. El roce del metal contra el suelo pulido sonó como una advertencia. Dejó su plato con un golpe seco. Yo mantuve la boca cerrada, solo observando, intentando leer el terreno.«Kakogo cherta ty zdes’ delayesh’, Maks?» («¿Qué demonios haces aquí, Max?») La voz de Yakov bajó, afilada como una navaja.Crucé los brazos y decidí quedarme al margen. De todas formas no entendía ni una palabra. Bien podían ser ext
Ler mais