Punto de Vista de Marimar Oquendo
—Lalala, lalala, lalala…
Iba de oreja a oreja, cantando a todo pulmón como si fuera una princesa de Disney mientras restregaba el suelo. El sol de la mañana se colaba por los ventanales bañándolo todo de luz. Pandesal seguía profundamente dormido, así que decidí adelantar trabajo y empezar a limpiar antes de que despertara.
Empuñaba una escoba cara, con el mango de oro macizo, y me sentía lo más absurda del mundo. Seguramente en algún armario guardaban una aspi