Punto de Vista de Marimar Oquendo
«¿O? Kto eta zhenshchina?» («Oh, ¿quién es esa mujer?»)
Fruncí el ceño. Algo en ese tipo, en la forma en que se movía, gritaba peligro. Más peligro del que yo ya tenía encima.
Miré a Pandesal, que devoraba feliz su arroz caldo, ajeno por completo a la tensión que de pronto había espesado el aire hasta convertir la cocina en una olla a presión. Una cocina, por cierto, del tamaño de toda mi casa en la provincia, decorada en tonos deprimentes de blanco sucio, beig