Camila sintió que el pulso se le aceleraba.Durante un instante creyó que había escuchado mal. Todo lo ocurrido desde que comenzó a investigar había sido extraño, pero aquello era diferente. Ya no se trataba de documentos antiguos, fotografías o recuerdos incompletos. Había personas vigilando. Personas que parecían saber exactamente dónde estaba y con quién se encontraba.Su mirada se dirigió instintivamente hacia la ventana.—¿Puedo verlos?Esteban negó con la cabeza.—Es mejor que no.Su respuesta no fue autoritaria, sino serena. La de alguien que había aprendido, a fuerza de errores, que la curiosidad podía ser peligrosa.Camila respiró hondo, intentando controlar la ansiedad.—Necesito que deje de hablarme con acertijos. Llevo semanas escuchando medias verdades. Alejandro hace lo mismo. Todos parecen conocer una historia que yo soy la única incapaz de entender.Esteban permaneció en silencio unos segundos.Después tomó asiento frente a ell
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