Susan parpadeó, su enfado momentáneamente reemplazado por la confusión. —¿Qué?Él esbozó una leve sonrisa, casi burlona. —Dijiste que interrumpí tu cita. Y tengo que decir que te ves... deslumbrante. Sería una pena que todo ese esfuerzo se desperdiciara, ¿no crees?Susan abrió la boca para responder, pero no le salieron las palabras. La intensidad de su mirada era abrumadora, nublando sus pensamientos, y sintió que vacilaba.—Hagamos un trato —murmuró Leo, bajando la voz—. Me dejas invitarte a cenar y consideraré tu propuesta. ¿Qué te parece?Su mente era un torbellino. Su cercanía, su aroma, la atracción magnética de la que no podía escapar... era demasiado. Respiró hondo, sintiendo cómo su determinación flaqueaba al asimilar sus palabras.—¿Lo harás? —susurró, apenas audible, pero no podía apartar la mirada.—Lo juro por mi vida —dijo él, sonriendo, con la mirada firme e inquebrantable. Tras un instante, Susan asintió, apenas confiando en sí misma al responder: «De acuerdo».Susan e
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