Ryan despertó a las siete y permaneció inmóvil durante unos instantes antes de moverse.Elena sintió que se despertaba. Llevaba una hora medio despierta, con la luz entrando por los espacios entre las cortinas, escuchando su respiración lenta y acompasada, propia de alguien que realmente estaba descansando. No se había movido porque no quería interrumpir aquel descanso. No estaba segura de cuándo había sido la última vez que Ryan había dormido así. Sospechaba que había pasado mucho tiempo.Él giró la cabeza y la miró.—Has estado despierta —dijo.—Un poco.—¿Cuánto tiempo?—Lo suficiente —respondió ella—. Lo necesitabas. No quería despertarte.Él miró al techo. Bajo la luz de la mañana, sin traje y sin aquella armadura que llevaba puesta ante el mundo, parecía más joven de lo habitual.Siempre era así en mañanas como aquella, y Elena había comenzado a pensar que esa era la versión más auténtica de él. No la más joven, sino la más desprotegida. La versión que existía antes de que el dí
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