Ryan llegó a casa a las siete con el aire inconfundible de un hombre que había pasado todo el día pensando en algo y que, por fin, había llegado al momento en el que podía hacer algo al respecto.
Elena estaba en la cocina preparando la cena cuando escuchó el ascensor. Oyó cómo dejaba la chaqueta en la entrada. Lo escuchó caminar hasta la sala y detenerse.
—Moviste las piezas —dijo desde la otra habitación.
—Reinicié el tablero —respondió ella—. Una partida nueva.
Hubo un breve silencio.
—Estába