El abuelo de Elena había limpiado el apartamento.
Elena lo supo de inmediato porque el apartamento nunca estaba tan impecable. Siempre era un lugar acogedor, vivido y ligeramente desordenado, con libros por todas partes y esa acumulación tan característica de un hombre que había dejado de deshacerse de las cosas porque cada una le recordaba a alguien.
Pero ese día las superficies estaban despejadas, los cojines perfectamente acomodados y sobre la pequeña mesa del comedor había un mantel que Ele