A la mañana siguiente, el sol se elevó lentamente, tiñendo el cielo con delicados matices de rosa y naranja. El aire soplaba fresco y la ciudad parecía cobrar vida con un movimiento vibrante, pero Judy apenas pudo percatarse de ello. El corazón le latía a mil por hora, resonando con más fuerza que el propio bullicio urbano. Hoy era el gran día. El día de la convención corporativa. El día en que debía presentarse ante el mundo entero del brazo de David.Se despertó temprano, incluso antes de que sonara su alarma. Las manos le temblaban sutilmente mientras salía de la cama. El vestido que había seleccionado junto a David el día anterior descansaba impecable sobre la silla; era una pieza sencilla pero innegablemente elegante, perfecta para la ocasión. A su lado, sus zapatos, pulidos y relucientes, permanecían colocados con esmero. Con el peinado ya perfectamente elaborado, inhaló una profunda bocanada de aire e intentó apaciguar sus nervios.David se había marchado a primera hora para ul
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