Los gráficos financieros y las proyecciones de inversión se proyectaban en la enorme pantalla del estrado, pero para Clark, los números eran simples manchas borrosas. Su atención estaba completamente fija en la primera fila. Desde su asiento, tenía una vista perfecta del perfil de Judy.La iluminación tenue del auditorio resaltaba la delicadeza de sus facciones y la caída elegante de su peinado. No quedaba ni un solo rastro de la mujer sumisa y abrumada que él había dejado atrás. Al ver cómo asentía con gracia ante las palabras de un miembro del comité ejecutivo, un vacío helado se instaló en el estómago de Clark.«Ese debería ser mi lugar», pensó con desesperación. «Ella debería estar representando a mi firma, no a Pegasus Holdings».A su lado, Isabella rompió el silencio con un bufido ensordecedor, agitando unos pañuelos de mesa húmedos que el personal del hotel le había proporcionado a toda prisa.—Esto es una maldita humillación —siseó Isabella, frotando con rabia la mancha purpúr
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