Edgar la miró con los ojos llenos de esperanza y miedo al mismo tiempo, y apretó la mano de Freya con más fuerza.—Podemos hacerlo juntos. Podemos buscar un terapeuta, podemos hablar más, podemos...—Edgar —lo interrumpió Freya con suavidad—. No sé si eso será suficiente. No sé si podremos arreglar esto solo con hablar más o ir a un terapeuta. Hay algo más profundo que está pasando dentro de mí, y necesito tiempo para entenderlo por mí misma.Edgar guardó silencio durante unos segundos. Freya pudo ver con claridad en sus ojos que sus palabras lo habían herido, pero también pudo ver que él se esforzaba por comprender, por no enojarse ni culparla.—Está bien —dijo Edgar finalmente, con voz baja y cansada—. Te daré tiempo. No te presionaré ni te forzaré. Pero por favor, Freya, no te alejes demasiado. No me dejes por completo.Freya volvió a llorar, y esta vez no pudo contenerse. Abrazó a Edgar con fuerza, sintiendo el calor familiar de su cuerpo y el olor de su perfume, ese aroma que hab
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