**LEONOR**El pánico me revolvió el estómago. ¿Cómo carajos me habían encontrado en este maldito agujero analfabeto digitalmente? Bajé las escaleras descalza, con el frío del suelo de piedra colándome por los pies, pero antes de que pudiera llegar al vestíbulo para trancar la puerta rústica, el viejo picaporte de bronce cedió con un chasquido seco.La puerta se abrió de par en par, dejando entrar una ráfaga de aire helado y agua de lluvia. Casper estaba allí, de pie en el umbral, recortado contra la penumbra de la tormenta. Estaba empapado, con el pelo oscuro pegado a la frente y la camisa pegada a su anatomía rígida. Su mirada de fijeza salvaje me barrió de arriba abajo, cargada de una rabia tan destructiva que sentí que el aire de la sala desaparecía por completo.—¿Pensaste que un par de textos en latín y un pueblo de mala muerte te iban a salvar de mi sistema, Leonor? —soltó desde el umbral, con una voz tan ronca y rota que me erizó la piel del cuello.—No des un solo paso más, De
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