**LEONOR**
El helipuerto privado en lo alto de los Dolomitas era un manto blanco e impecable. El rugido de las hélices se apagó de golpe, dejando solo el silbido del viento alpino que chocaba contra los pinos cubiertos de nieve. Casper me tomó de la cintura antes de que pudiera apoyar las botas en el hielo, cargándome durante unos metros con una facilidad que me robó el aliento. Me protegió con su abrigo de paño negro hasta cruzar la puerta de la cabaña inteligente, un refugio de cristal y made