Había espacio para estar de pie, y, en un intento por encontrar a Scott, Vivian comenzó a abrirse paso, cuando se quedó paralizada.Porque él estaba allí.Difícil de ver, es cierto, porque estaba rodeado de un grupo de mujeres glamurosas que parecían abalanzarse sobre él, atraídas como limaduras de hierro a un imán.Pero su presencia era tan inconfundible como impactante. Ese cuerpo alto, de hombros anchos pero esbelto.El cabello negro azabache y los ojos tormentosos y brillantes. Y antes de que pudieran fijar la mirada en ella, Vivian huyó, regresando por el pasillo y saliendo por la puerta de salida, como quien busca refugio.El aire era sorprendentemente limpio, puro y perfumado, y solo el leve zumbido del tráfico le recordaba que estaba en la ciudad. Vivian tomó un sorbo de su bebida, pero el vino casi la hizo atragantarse cuando sintió, más que oyó, que alguien estaba detrás de ella. Se giró bruscamente y vio una figura alta y morena que la observaba inmóvil, con los ojos oscuro
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