Era su hermano. Y para que esa felicidad siguiera brillando en su rostro, tendría que hacer un pacto con el diablo. Y Scott McCall estaba lo suficientemente cerca.No fue difícil encontrarlo en la abarrotada sala. Lo localizó, le dedicó un leve asentimiento y él le devolvió el saludo. Exhalando, dirigió su atención a la copa de vino tinto que apenas había tocado durante la cena. Ahora, esa copa, y otras cuatro más, le parecían una idea fabulosa.Necesitaría todo el valor posible.______—¿Podemos empezar ya, por favor? —preguntó Jennifer a Scott con el ceño fruncido mientras dejaba la copa en la mesita y se sentaba en la silla. Se frotó los brazos desnudos, y la señal de nerviosismo le revolvió la conciencia, que él creía imperturbable—. Seguro que ya has adivinado que voy a aceptar tu ridículo plan. O mejor dicho, llamémoslo por su nombre: extorsión. —Tienes una opción, señorita Bennet —le recordó, dando un sorbo a su bourbon.—Sí —asintió ella, con un tono amargo—. Sacrificarme a m
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