Scott no respondió a su saludo. En cambio, entrecerró los ojos. "A mi oficina... ahora, señorita Sánchez", dijo, y sin esperar respuesta, se dio la vuelta y se dirigió a su oficina.El suelo de cemento que dejaron sus caros zapatos parecía humear mientras Vivian lo observaba. Lo siguió, pero su corazón latía con fuerza. No tenía ni idea de lo que había hecho, pero presentía que, fuera lo que fuese, no era nada bueno. Parecía furioso y la idea de lo que le iba a decir la aterrorizaba. No llevaba mucho tiempo en ese trabajo y ya lo estaba estropeando todo... ¡Dios mío!Había dejado la puerta de su oficina entreabierta, y cuando ella llamó, la ordenó entrar con una voz que le hizo querer huir. Cerró la puerta tras de sí al entrar en la oficina y se quedó de pie, esperando a que hablara. Scott estaba detrás de su escritorio, mirándola fijamente con ojos cansados y llenos de ira. Lentamente, sus brillantes ojos entrecerrados recorrieron su rostro, desde su nariz respingona hasta su gene
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