Evelyn abrazó el montón de ropa nueva, aún impregnada de un agradable aroma, y entró en la habitación. Sin embargo, sus pasos se detuvieron de golpe en medio del cuarto. Miró a su alrededor, confundida, sin saber dónde colocar toda aquella ropa, las cajas de zapatos y los lujosos bolsos.Desde un rincón, Damian comenzó a observar discretamente cada uno de sus movimientos. Lo hizo de la manera que mejor dominaba: a escondidas. Fingía concentrarse en la pantalla de su teléfono, pero sus penetrantes ojos de águila no dejaban de seguir a Evelyn mientras ella buscaba un lugar libre.—Damian... —lo llamó con cierta timidez, sin dejar de mirar alrededor.—¿Sí? ¿Qué ocurre? —respondió él, levantando enseguida el teléfono para que no notara que la estaba observando.—Ahora tengo muchísima ropa... pero no sé dónde ponerla.—Guárdala en el armario —respondió Damian con indiferencia, sin mirarla.—¿En el armario de esta habitación? —preguntó Evelyn para asegurarse.Damian soltó un leve resoplido,
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