Zara Alaric estaba sentada al borde de la cama, mirando el armario, sin saber qué ponerse. La pelea con Adrian Voss aún le dolía. Sus palabras afiladas seguían repitiéndose en su cabeza, cada una cortando más profundo que la anterior.Un golpe suave en la puerta sonó antes de que pudiera recomponerse. Isabella Voss entró con su teléfono en la mano, su expresión suave y preocupada.Había visto el enfrentamiento entre su hermano y su nueva esposa. Esperaba encontrar a Zara llorando, rota, quizá incluso buscando consuelo.Pero Zara levantó la mirada, una media sonrisa tirándole de los labios, y dijo:—Oh, perfecto momento. Necesito tu ayuda. Dime, ¿qué vestido crees que hará que tu hermano sea un poco menos gruñón, menos grosero… y quizá, solo quizá, un poquito menos imposible?Isabella parpadeó y luego estalló en carcajadas.—Vaya. Yo venía lista con pañuelos, no para escuchar cómo lo destrozas.—Bueno —dijo Zara, levantándose y llevándola hacia el armario—, si no me río, voy a llorar.
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