Los primeros dias de licencia transcurrió en una nebulosa de silencios y rutinas lentas. Para Elena, apagar el teléfono fue el acto de rebeldía más difícil y, a la vez el más liberador de toda su carrera. Los primeros dos días, su cuerpo experimentó una especie de síndrome de abstinencia digital: estiraba la mano hacia la mesa de luz buscando alertas que ya no existían, temiendo la represalia de Martina por un correo no respondido, Aunque ahora ella no esta. Sin embargo, al tercer día, el silencio dejó de ser amenazante y se convirtió en su refugio. Dedicó las mañanas a tomar té en el balcón, dejando que el sol del invierno le calentara la cara, y las tardes a caminar por el parque del barrio, lejos del cemento y los trajes grises. Físicamente, el cansancio acumulado empezó a salir a la superficie en forma de horas de sueño profundo, pero mentalmente, la herida seguía abierta. La desilusión con Julián era un peso sordo. Extrañaba al compañero que la escuchaba, pero no podía perdon
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