Capítulo 12. Nada como una copa de champán
Cuando entré a esa casa, me temblaban las piernas. El clan Salvatore estaba reunido en la sala como una pintura renacentista —todos eran hermosos, irradiaban poder y dinero. ¿Qué estaba haciendo yo ahí?Sentía la mano de Augusto en mi espalda, su cuerpo cerca del mío. No sé cómo, pero sabía que si salía corriendo, él me apoyaría. Era extraño —no nos conocíamos bien, pero yo confiaba en él, al menos en ese punto.Tenía razón cuando dijo que una copa de champán ayudaría. Ya iba en la tercera y me sentía más liviana, más relajada.Diana parecía ser la única con ganas de desenmascarme. La hermana de Augusto era una mujer bonita, parecía modelo, elegante, pero con un porte arrogante. El único que parecía un poco más normal era el hermano mayor, César. Aun así, no me dejé engañar —si Augusto y Diana fueron criados para ser dueños del mundo, César, como hijo mayor, debía ser igual. Apuesto a que solo sabía disimularlo mejor.Los padres de Augusto parecían simpáticos, pero fueron ellos qui
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