RUBI MONTENEGROEl sol ya se despedía, tiñendo el cielo de los Hamptons con tonos anaranjados y morados, cuando finalmente decidimos salir del agua y volver a la mansión. Caminamos tomados de la mano por la arena, exhaustos, salados e infinitamente felices.El camino hasta la suite principal estuvo lleno de besos robados. Entramos juntos a la espaciosa ducha. El agua caliente lavó la sal y la arena de nuestros cuerpos, relajando cada músculo tenso. Al principio, el baño prometía ser otra ronda de lujuria, las manos calientes de Ares vagaron con malicia por mis curvas, presionándome contra los azulejos húmedos. Pero el ambiente pasó de ardiente a dulce.Terminamos riendo a carcajadas cuando Ares intentó lavarme el cabello, exageró con la cantidad de champú y aprovechó para hacer una corona de espuma en mi cabeza y coronarme como su reina. Después me enjuagó con cuidado, besándome la punta de la nariz.Salimos del baño envueltos en toallas. Para la noche, elegimos la comodidad. Me puse
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