Los primeros rayos del sol de la mañana apenas tocaban la superficie del cristal de la ventana cuando Elyn terminó de arreglar su uniforme de enfermera. Hoy tenía clases temprano, a las ocho de la mañana. Antes de salir de la habitación de hospital, se acercó a la cama donde Dave yacía de nuevo rígido, cumpliendo con su papel rutinario de hombre en coma.Elyn se inclinó un poco, acomodando la manta de Dave, que en realidad ya estaba perfectamente estirada.—Señor, ya me voy a la universidad —susurró Elyn en voz baja, asegurándose de que su voz no fuera escuchada por nadie al otro lado de la puerta.No hubo respuesta verbal por parte de Dave, pero los ojos de halcón del hombre se abrieron por un segundo, lanzándole una mirada afilada que parecía reafirmar la advertencia de la tarde anterior: no coquetees. Elyn solo pudo soltar un breve suspiro, darse la vuelta y salir de la habitación.En la planta baja, la atmósfera de la mansión se sentía tan gélida como siempre. Victoria estaba sent
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