Las palabras «lo siento, no puedo» que se deslizaron de los labios de Dave golpearon al instante la sensibilidad de Berlyn, sumida en el torbellino hormonal de un embarazo temprano. La cálida sensación que antes rodeaba su pecho se transformó de golpe en una inmensa ola de irritación y abandono.Los ojos redondos de Berlyn se abrieron de par en par, entre la sorpresa y la histeria.—¡Ah! ¿Conque el trabajo y esos extranjeros son más importantes que tu propio hijo y yo? —exclamó Berlyn, con un rubor ardiente encendiéndole todo el rostro.—No me refería a eso, Berlyn...—¡Pues vete! ¡Es más, ni te molestes en volver! —interrumpió Berlyn, furiosa.Antes de que Dave pudiera rodear su cuerpo o darle más explicaciones, Berlyn, consumida por la ira, se puso de pie sobre la cama. ¡Con todas las fuerzas que poseía, la mujer empujó con ímpetu el ancho pecho de Dave!¡Plaf!Dave, quien no estaba en absoluto preparado para recibir un empujón físico de su esposa, salió despedido hacia atrás. Sus f
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