Las palabras «lo siento, no puedo» que se deslizaron de los labios de Dave golpearon al instante la sensibilidad de Berlyn, sumida en el torbellino hormonal de un embarazo temprano. La cálida sensación que antes rodeaba su pecho se transformó de golpe en una inmensa ola de irritación y abandono.
Los ojos redondos de Berlyn se abrieron de par en par, entre la sorpresa y la histeria.
—¡Ah! ¿Conque el trabajo y esos extranjeros son más importantes que tu propio hijo y yo? —exclamó Berlyn, con un r