Una suave carcajada brotó del amplio pecho de Dave, rompiendo con delicadeza el silencio que envolvía la habitación VIP. El hombre observó los finos dedos de Berlyn, que seguían cubriéndole por completo el rostro. El rubor que teñía sus mejillas, extendiéndose hasta la punta de las orejas, hacía que su inocencia resultara enternecedora.Con infinita ternura, Dave tomó ambas muñecas de Berlyn y, despacio, apartó sus manos de su rostro.—¿Por qué sigues avergonzándote, hm? —preguntó con aquella voz grave y ronca que siempre lograba estremecerla, sin apartar la mirada de los grandes ojos de Berlyn, que parpadeaban con evidente timidez—. Ya hemos hecho esto muchas veces. Incluso cosas mucho más intensas que lo de hace un momento.Al escuchar aquellas palabras pronunciadas con tanta naturalidad, el rostro de Berlyn se encendió aún más. Instintivamente, mordió con fuerza su labio inferior, intentando ocultar la vergüenza que recorría cada rincón de su cuerpo.—¡D-Dave! ¡No digas esas cosas
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