El silencio dentro de la espaciosa habitación principal comenzaba a resultar cada vez más asfixiante para Berlyn. El reloj de pared apenas marcaba las once de la mañana, pero el tiempo parecía avanzar con una lentitud exasperante. Después de intentar dibujar algunos trazos de bocetos que terminaron viéndose rígidos en la pantalla de su tableta, un aburrimiento insoportable se apoderó de ella.
Berlyn decidió salir de la habitación. Por suerte, la puerta que había cerrado con llave ya estaba abie