La aguja del reloj de pared en el despacho principal de la mansión del clan Moreno ya había pasado de las once de la noche. En aquella habitación insonorizada, revestida en madera de roble oscuro, Dave permanecía de pie, con la espalda recta, frente al gran ventanal que mostraba el frío resplandor de las luces de Nueva York.La pesada puerta de roble barnizado se abrió lentamente con un suave clic.Elyn entró con cierta vacilación, aún vestida con su blusa de satén color crema de trabajo, ligeramente arrugada tras un día entero soportando la presión emocional. Sus hombros, antes firmes, ahora parecían apagados mientras cerraba la puerta tras de sí.—¿Me ha llamado, señor Dave? —preguntó, intentando mantener un tono lo más firme posible, aunque el agotamiento mental ya se reflejaba en sus ojos cansados.Dave se giró lentamente.Su rostro, habitualmente impasible y atractivo, se había endurecido, cargado de una frustración profunda acumulada tras las presiones de su madre respecto a Vio
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