Solo pude asentir, aún conmocionada. Las lágrimas que sentía ya no eran de tristeza, sino de felicidad que se desbordaban sin control. Luca se acercó de inmediato, tomó mi mano y la besó con suavidad.
—Voy a ser padre —dijo.
El médico nos dejó a los dos con una amplia sonrisa, dándonos consejos sobre los alimentos que debía evitar y las vitaminas que debía tomar. Pero yo no lo escuchaba realmente. Mis pensamientos seguían flotando alrededor de esa pequeña vida que crecía en mi vientre. Un milag